La muchacha y el mar

Foto: Mertxe Alarcon
Texto: Martin Gallego

A ver, situémonos. Caminamos por la costa en un atardecer brumoso de invierno hasta que se va la luz y luego entramos en una posada a tomar algo caliente con la imagen fantasmal de las piedras y el agua aún en nuestra retina. Al preguntar el porqué del nombre tan bonito de esa playa áspera y espectral, alguien contesta:




La muchacha y el mar

Alvaro era el rey mas sanguinario y orgulloso de su tiempo. Dice la leyenda que cuando se cansó de batallar con sus vecinos y su reino creció a base de sangre y fuego, se fue mas allá del mar a combatir al infiel. Volvió victorioso y con el botín mas preciado: la hija del Califa. El Rey, orgulloso, primero la mostró al pueblo como si fuera un trofeo de caza y luego la encerró en su fortaleza sobre el acantilado. Con el transcurrir de los días y cautivado a su pesar por la belleza de la muchacha, la lujuria y el ansia de poder hablaron por su boca: “Mañana nos casaremos. Si no aceptas, volveré y arrasaré tu país. No dejaré piedra sobre piedra y todas las almas irán al paraíso.” le dijo , y ella, sin apartar la vista del mar, le pidió despedirse esa noche de su dios frente al agua. El noble no se pudo negar, y bajaron a la playa. Los elementos se habían aliado para la ocasión: soplaba un viento de ira y las olas batían desafiantes, cada vez mas altas, cada vez mas fuertes. Le dijo que la dejara sola para rezar, y a la vista del tirano entró en el agua sin que éste pudiera evitarlo. Con un abrazo mortal el mar la acogió dentro de sí amparando la decisión valiente de quien no quiere el futuro que el destino le había preparado. El Rey llamó a su ejército y ordenó que la sacaran. Ciego de ira y despechado ordenó que los hombres lucharan contra el viento y el agua, que doblegaran los elementos, que obligaran al mar a devolverle lo que era suyo. Escupió al cielo que él había derrotado a los ejércitos mas poderosos de la tierra, que el mundo le pertenecía y que no le podía vencer una simple muchacha hija de un infiel. Y gritando el nombre de ella se adentró con su ejército en el mar vengador en busca del amor que no había sabido ganar. Aún hoy, amigo viajero, se pueden ver en la costa las piedras tumbadas en recuerdo del ejército que fue vencido hace ya mil años para castigar la maldad de un rey, y algunos dicen que en los días de temporal una figura blanca camina sobre ellas...... Del tirano ya nadie se acuerda, pero la playa perdurará para siempre en la memoria de los hombres con el nombre de la prisionera: Zumaia.

5 comentarios:

LE MOSQUITO dijo...

Me ha recorrido el cuerpo un escalofrío de regustito.
No estaría de más que todos los ejercitos, todos, tomasen el ejemplo.
:)
Un placer de relato.

Mertxe Alarcón dijo...

una preciosidad de cuento...
me encanta el final

un abrazo, martín

maria dijo...

un bello cuento,una bella foto,que encierra la fuerza del agua.

fotomaf.com dijo...

BUena idea la de tu blog, me gusta
;9
y vaya foto más bonita esta última
;)

saludos
http://www.fotomaf.com

Bohemia dijo...

Saludos, vengo a agradecerte tu comentario en mi blog y a descubrir este blog ya que me invitaste a recorrer tus historias.
Esta primera que he leído me ha encantado, así como la imagen que ilustra tu post...Sigo leyendo.
Besos