Viento solar

Foto: Nilo Merino
Texto: Martin Gallego
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Me gustan los relatos fantásticos. En ellos hay una parte de creación libre, una liberación de la obligación de ajustarse a lo real que hace que sean mis preferidos. Además, he leído en vuestras mentes que a vosotros os pasa lo mismo…..




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Viento solar
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Estaba desarrollando el texto de la ponencia. Llevaba mucho tiempo concentrada y le dolían los ojos y la cabeza. Se levantó, se acercó a la ventana y vio las antenas que seguían inútiles allá arriba en la montaña. Las habían dejado como recuerdo del tiempo anterior. El gran apagón ocurrió ahora hacía casi cuatro años, seis meses antes de que naciera Juan, su hijo. De un día para otro y para siempre dejaron de funcionar todos los aparatos que utilizaban comunicación inalámbrica o eran sensibles a las ondas electromagnéticas: teléfonos móviles, comunicaciones, televisión, radio, etc. Todo dejó de funcionar, excepto aquellos aparatos robustos conectados por cables a la manera antigua. La causa fue una oleada de viento solar brutalmente cargada de energía que volvió locos a la mayoría de aparatos electrónicos. Desde entonces se sucedían fenómenos anormales: cambiaba de lugar aleatoria y alternativamente el polo magnético de la Tierra, se veían enormes auroras boreales hasta en los trópicos, y el agua cambió el sentido del giro. Eso era lo más evidente. Pero Sandra creía que habían pasado más cosas. Ella era pediatra, y además tenía a Juan. Estaba completamente segura de que el niño no era normal. Bueno, normal sí, pero no reaccionaba siempre normal. Cuando sucedió el apagón, ella estaba embarazada de tres meses, y desde hacía un tiempo había ido recopilando sigilosamente datos de conducta de niños nacidos en fecha similar al suyo. Todos actuaban igual, sin excepción. Juan se comportaba con ella de manera normal y hacía en casa las cosas de un niño normal. Reía, jugaba, lloraba, hablaba y dormía como se esperaba de un crío de tres años. Pero cuando se juntaba con otros niños nacidos el mismo mes o más pequeños, no hablaban. Chillaban, reían o lloraban, o sea, emitían sonidos, pero no hablaban entre ellos, nunca. Ese era el tema que iba a desarrollar en el congreso de Pediatría de París al que iba a acudir ese fin de semana. Argumentaría que la causa de ese comportamiento infantil fue el viento solar. Pensó que la naturaleza debía hacer así las cosas y seguro que no era la primera vez que la evolución se manifestaba de manera brusca. Juan y los otros niños eran telépatas, se comunicaban entre sí con la mente, y lo hacían de manera natural…. Sandra suspiró y se volvió a sentar pensando que en el fondo era afortunada por haber asistido a la siguiente etapa de la evolución humana…..

3 comentarios:

Salva dijo...

Creo que has estropeado el final al contar la causa del comportamiento extraño del niño... el inicio me pedía algo más misterioso y abierto.

(lo siento, hoy tocaba una crítica)

Martingallego dijo...

Puede que tengas razón. En realidad es una novela muy condensada, el argumento da para un desarrollo mucho mas amplio, con causas y efectos mucho mas complicados. Creo que la idea es bonita, e hice el cuento pensando en que el lector fuera un adolescente. Quizá el relato es demasiado evidente, poco sutil.
De todas maneras, gracias por la ayuda (que no crítica.....)

LE MOSQUITO dijo...

Inquietante. Incluso con el final, que a mi no me molesta. Ni comno adolescente ni como adulto.
No sé tú, Martín, pero cuando escribo en mi blog improviso sobre la marcha, sin previa edición, corta, ni pega. Me gustan los relatos que están abiertos (que no cojos) a las interpretaciones de otros. Yo los tomo y ofrezco como premisas, y consciente de que siempre habrá alguien que piense en que no están rematados, o que la estructura es así o asao, o que los adjetivos no son los precisos... Bien: todo ello lo veo, más como ventaja que como desventaja, y por lo que ya he intentado razonar. Relatos abiertos, con chimpúm o sin chimpúm.
En mi caso, escribo relatitos objetivamente farragosos (no por chulería, ni digo esto por querer justificar nada. Sé quien soy y lo que hago)pero está claro que el patito feo siempre tiene su cara preciosa.